Había
una pareja que iba andando por la calle, agarrados por la cintura como
si de unos novios se tratara. Parecían felices. Él era rubio, con el
pelo larguito, con una fina trenza de color negro que le nacía en un lado
de la nuca y que se perdía en el cuello de su camisa gris. Ella tenía
el pelo negro, largo y rizado; y lo llevaba suelto, pero al contrario que
él, tenía una trenza rubia que le caía por el pecho y que al final
estaba cogida por un pequeño cascabel que tintineaba al ritmo de
sus pasos.
No
se les distinguían las caras, pero sí se oían sus risas. Era de noche,
parecía que salían de tomar algo y volvían a casa por las oscuras
calles de la ciudad, únicamente iluminadas por la luz de
alguna farola que otra y las cuales la gente evitaba a esas horas de
la noche. La pareja seguía andando por la zona de bares, callejeando sin
ningún rumbo, cuando de repente atravesaron un callejón en el que
había alguien más aparte de ellos. Se detuvieron y avanzaron un
poco más adentrándose para ver lo que sucedía.
Al
fondo se veía la luz reflectante de un fluorescente; parecía ser la
parte trasera de un local. El suelo estaba encharcado a causa de las
últimas lluvias sucedidas esa semana, debajo del fluorescente había
un contenedor y escondidos en la oscuridad detrás de éste estaban
un hombre y una mujer.
Olía
a mugriento y se oían fuertes ruidos provenientes del lugar donde se
encontraba la pareja. La mujer empezó a gritar y el hombre le tapó
la boca. Esta intentaba zafarse de él, pero sus intentos eran
inútiles. El hombre era bastante robusto y embriagado por los
efectos del alcohol. Comenzó a bajarse la bragueta y seguidamente
arremetió contra ella. Los ojos de él estaban totalmente inyectados
en sangre; le estaba haciendo daño y disfrutaba con ello.
Los
chicos, que acababan de llegar, estaban de pie en la esquina del
callejón. Se miraron a los ojos: su piel era blanca y sus ojos de un
dorado brillante. Agarrándose de la mano con fuerza miraron
fijamente a aquel hombre. Después de unos segundos dejaron de mirar
y volviendo a su estado anterior de risas se marcharon de allí sin
más.
La
escena del callejón dio un giro bastante brusco después de la
marcha de los jóvenes. El hombre estampó a la mujer contra el
contenedor de basura. Un hilo de sangre empezó a recorrerle el
cabello, ésta en un último intento alzó la mano por encima de su
cabeza y consiguió agarrar una botella de la parte superior del
contenedor, con ella le dio un fuerte golpe en el cráneo al hombre,
haciéndole caer al suelo y rebotar contra el mismo. Ella consiguió
zafarse de su violador y escapó a toda prisa de allí, dejándole en
el suelo maltrecho y sangrando. Al cabo de un rato el agresor se
levantó posando su mano donde la herida de su frente aún sangraba.
Se levantó a duras penas, con la cabeza embotada y con náuseas, fue
a dar un paso pero tropezó y de la fuerza del impulso fue a darse
con el lado contrario del callejón volviendo al suelo. Un montón de
maderos que estaban apoyados contra la pared cayeron encima de su
abdomen. Éstos tenían clavos que se le hundieron en la piel
provocándose múltiples heridas y haciéndole sangrar por la boca.
Entonces
mientras él se retorcía de dolor se escuchó un chasquido por
encima suya. El hombre miró petrificado hacia arriba. Un tornillo le
cayó seguidamente en la cabeza.
En
uno de los pisos había un aparato de aire acondicionado que se
mantenía en equilibrio peligrosamente anclado a la pared. Hubo otro
ruido y los hierros que sujetaban el aparato de aire se soltaron de
la pared haciendo que cayera a toda velocidad. El hombre cerró los
ojos esperando su fin.
El
aparato se estrelló contra el suelo a poca distancia de su cabeza
hecho añicos. Abrió los ojos y suspiró. Intentó levantar los
maderos pero éstos pesaban mucho y le hacían daño en los lugares
donde los hierros estaban clavados. No supo por qué, pero volvió a
mirar arriba y se dio cuenta de que uno de los hierros no se había
soltado del todo y seguía ahí en suspensión mecido por la suave
brisa de la madrugada. Soportando el dolor volvió a intentar
levantar los maderos, en ese mismo momento el hierro que estaba
arriba se soltó de la pared, cayó dando vueltas sobre sí mismo y
con un ruido sordo le clavó en el suelo atravesándole el corazón.
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