15 abril 2012

K-arma: Prólogo 1


Había una pareja que iba andando por la calle, agarrados por la cintura como si de unos novios se tratara. Parecían felices. Él era rubio, con el pelo larguito, con una fina trenza de color negro que le nacía en un lado de la nuca y que se perdía en el cuello de su camisa gris. Ella tenía el pelo negro, largo y rizado; y lo llevaba suelto, pero al contrario que él, tenía una trenza rubia que le caía por el pecho y que al final estaba cogida por un pequeño cascabel que tintineaba al ritmo de sus pasos.

No se les distinguían las caras, pero sí se oían sus risas. Era de noche, parecía que salían de tomar algo y volvían a casa por las oscuras calles de la ciudad, únicamente iluminadas por la luz de alguna farola que otra y las cuales la gente evitaba a esas horas de la noche. La pareja seguía andando por la zona de bares, callejeando sin ningún rumbo, cuando de repente atravesaron un callejón en el que había alguien más aparte de ellos. Se detuvieron y avanzaron un poco más adentrándose para ver lo que sucedía.

Al fondo se veía la luz reflectante de un fluorescente; parecía ser la parte trasera de un local. El suelo estaba encharcado a causa de las últimas lluvias sucedidas esa semana, debajo del fluorescente había un contenedor y escondidos en la oscuridad detrás de éste estaban un hombre y una mujer.

Olía a mugriento y se oían fuertes ruidos provenientes del lugar donde se encontraba la pareja. La mujer empezó a gritar y el hombre le tapó la boca. Esta intentaba zafarse de él, pero sus intentos eran inútiles. El hombre era bastante robusto y embriagado por los efectos del alcohol. Comenzó a bajarse la bragueta y seguidamente arremetió contra ella. Los ojos de él estaban totalmente inyectados en sangre; le estaba haciendo daño y disfrutaba con ello.

Los chicos, que acababan de llegar, estaban de pie en la esquina del callejón. Se miraron a los ojos: su piel era blanca y sus ojos de un dorado brillante. Agarrándose de la mano con fuerza miraron fijamente a aquel hombre. Después de unos segundos dejaron de mirar y volviendo a su estado anterior de risas se marcharon de allí sin más.

La escena del callejón dio un giro bastante brusco después de la marcha de los jóvenes. El hombre estampó a la mujer contra el contenedor de basura. Un hilo de sangre empezó a recorrerle el cabello, ésta en un último intento alzó la mano por encima de su cabeza y consiguió agarrar una botella de la parte superior del contenedor, con ella le dio un fuerte golpe en el cráneo al hombre, haciéndole caer al suelo y rebotar contra el mismo. Ella consiguió zafarse de su violador y escapó a toda prisa de allí, dejándole en el suelo maltrecho y sangrando. Al cabo de un rato el agresor se levantó posando su mano donde la herida de su frente aún sangraba. Se levantó a duras penas, con la cabeza embotada y con náuseas, fue a dar un paso pero tropezó y de la fuerza del impulso fue a darse con el lado contrario del callejón volviendo al suelo. Un montón de maderos que estaban apoyados contra la pared cayeron encima de su abdomen. Éstos tenían clavos que se le hundieron en la piel provocándose múltiples heridas y haciéndole sangrar por la boca.
Entonces mientras él se retorcía de dolor se escuchó un chasquido por encima suya. El hombre miró petrificado hacia arriba. Un tornillo le cayó seguidamente en la cabeza.

En uno de los pisos había un aparato de aire acondicionado que se mantenía en equilibrio peligrosamente anclado a la pared. Hubo otro ruido y los hierros que sujetaban el aparato de aire se soltaron de la pared haciendo que cayera a toda velocidad. El hombre cerró los ojos esperando su fin.

El aparato se estrelló contra el suelo a poca distancia de su cabeza hecho añicos. Abrió los ojos y suspiró. Intentó levantar los maderos pero éstos pesaban mucho y le hacían daño en los lugares donde los hierros estaban clavados. No supo por qué, pero volvió a mirar arriba y se dio cuenta de que uno de los hierros no se había soltado del todo y seguía ahí en suspensión mecido por la suave brisa de la madrugada. Soportando el dolor volvió a intentar levantar los maderos, en ese mismo momento el hierro que estaba arriba se soltó de la pared, cayó dando vueltas sobre sí mismo y con un ruido sordo le clavó en el suelo atravesándole el corazón.

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