18 abril 2012

K-arma: Comienzos


El sonido del despertador le hizo levantarse de la cama de un salto. Rem estaba sudando y muy agitado, todo debido a causa del sueño que acababa de tener.

¿Habrá sido por los nervios? No, no creo. Bueno, no le voy a dar mucha importancia, sólo ha sido un mal sueño”. Pensó mirando al infinito mientras sujetaba el despertador entre sus manos.

Lentamente volvió en sí, apagó el despertador y se levantó para alzar la persiana de su nueva habitación. Mientras miraba por la ventana, se dio cuenta del estupendo día de verano que hacía. Se dio una ducha, se arregló y bajó a desayunar algo.

La cocina se sentía algo sola. Estaba bebiendo su café cuando se fijó que en la nevera había una nota cogida con un imán, de esos que regalaban en cualquier lado:

Hijo, siento no haberme quedado a desearte un buen primer día en tu nuevo instituto, pero me surgió algo urgente en el hospital. No llegues tarde luego, y si no estoy para la cena tienes comida en el congelador.
Un beso, tu madre que te quiere.”

Rem se acababa de mudar a las afueras de la ciudad con su madre a causa del divorcio de sus padres, en el cuál su padre se quedó con la casa antigua. Su madre era cirujana jefe en el hospital de allí y se pasaba la mayor parte del tiempo trabajando para mantenerlos a los dos; su padre por el contrario, no es que hubiera sido un ejemplo a seguir en su vida, así que se podría decir que Rem se había criado solo casi toda su vida.

Él no era de esos chicos, que a pesar de haberse criado solos, sacan notas excelentes o son buenos en algo; más bien era como si hubiera ido dando tumbos toda su vida. Tampoco era lo que se dice un modelo, de estatura media, ni delgado ni gordo y sin ningún rasgo que destacar.

El Sol le daba en los ojos de camino al instituto. Iba un poco desganado, ya que los pocos amigos que tenía, ahora estaban a kilómetros de él, y el tener que conocer gente nueva no le resultaba agradable. Conforme se acercaba a su destino, veía más y más de lo que serían sus compañeros de allí. Por suerte, no parecía que por allí hubiera gente extraña, como pandillas de esas que se meten con la gente o niñas que fueran en corrillos vestidas como si fueran adultas.

Por lo menos las vistas resultaban relajantes, apenas había ruido, y los árboles rodeaban toda la zona. Se notaba que era un lugar para gente con dinero.

Ya cerca de la entrada al edificio se fijó en una extraña pareja apoyada contra la verja de la entrada. Estaban bastante acaramelados y reían sonoramente a los comentarios que se hacían. Lo que más le llamó la atención a Rem fueron sus cabellos; ambos poseían trenzas, pero era como si se las hubieran intercambiado en lo que al color se refiere.

No creo que sean ellos, sería mucha casualidad”. Sacó su móvil para mirar la hora. “Mejor me doy prisa en entrar, si llego tarde el primer día seguro que me crucifican para el resto del curso”.

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